Biografias

Biografía de Albert Einstein Escrito por Jorge el 06.04.07

Einstein

Tímido y retraído, con dificultades en el lenguaje y lento para aprender en sus primeros años escolares; apasionado de las ecuaciones, cuyo aprendizaje inicial se lo debió a su tío Jakov que lo instruyó en una serie de disciplinas y materias, entre ellas álgebra: “…cuando el animal que estamos cazando no puede ser apresado lo llamamos temporalmente “x” y continuamos la cacería hasta que lo echamos en nuestro morral”, así le explicaba su tío, lo que le permitió llegar a temprana edad a dominar las matemáticas. Dotado de una exquisita sensibilidad que desplegó e el aprendizaje del violín, Albert Einstein fue el hombre destinado a integrar y proyectar, en una nueva concepción teórica, el saber que muchos hombres de ciencia anteriores prepararon con laboriosidad y grandeza.

Nacido en Ulm, Alemania el 14 de marzo de 1879. Antes cumplir dos años, su familia se trasladó a Munich, donde permaneció hasta 1895, período en el cual vio su vida trastornada cuando su familia se trasladó a Italia después del hundimiento de la firma eléctrica de su padre en Munich. Dejado en Munich para que terminara el año escolar, Albert decidió muy pronto abandonar el curso. y reunirse con su familia, cuando aún le faltaban tres años para terminar su educación media. El colegio no lo motivaba; era excelente en matemáticas y física pero no se interesaba por las otras materias. Así, a la edad de dieciséis años, Albert tuvo la oportunidad de conocer la gran tradición cultural italiana; admirar las obras de Miguel Ángel, que le impactara profundamente, y recorrer Italia pensando y estudiando por su cuenta. Durante este período empezó a contemplar los efectos del movimiento a la velocidad de la luz, un rompecabezas cuya resolución cambiaría para siempre la, física y la cosmología.

En Italia tuvo toda la libertad que quería y gozó por un tiempo de su vida, pero su padre lo obligó a pensar en la universidad. Regresó a Munich y luego se traslado a Zurich, en Suiza, para continuar sus estudios. En esta última ciudad no pudo ingresar a la universidad debido a no haber completado sus estudios secundarios. Alternativamente decidió incorporarse al Instituto Politécnico de Zurich, donde logró estudiar física y matemáticas con Heinrich Weber y Hermann Minkowski. Fue condiscípulo de Marcel Grossmann, que llegó a ser su gran amigo. Pero en la nación helvética, los caminos que tuvo que recorrer Albert Einstein no fueron fáciles. Llegó a conocer el hambre, la segregación académica - por no ser suizo - y también llegó a casarse con una joven matemática croata, Mileva Maric, luego de haber terminado sus estudios, en el año 1900, y de haber obtenido la nacionalidad suiza.

Con la graduación llegó el final de la asignación que le pasaba su familia, y Einstein tuvo que buscar trabajo. Sin recomendaciones -más tarde recordó que “no estaba en buenas relaciones con ninguno de sus anteriores maestros”-, no pudo encontrar ningún trabajo permanente y tuvo que arreglárselas de maestro para dictar clases particulares y/o a tiempo parcial. Después de dos años de empleos esporádicos, Einstein se volvió a beneficiar de la amistad de Marcel Grossmann, a quién había conocido en sus tiempos de estudiantes del Instituto Politécnico de Zurich, que por aquel entonces estaba enseñando matemáticas. A través de su contacto familiar, Grossmann consiguió para Einstein un puesto como experto técnico de tercera clase en la Oficina de Patentes suiza en Berna.

Trabajando en la oficina de patentes de Berna, Einstein pudo escamotear tiempo en su trabajo, gracias al dominio que había logrado en las funciones que desempeñaba, y dedicarlo para sus propios estudios sobre temas tales como las propiedades físicas de la luz. Por las noches trabajaba en ciencias o invitaba a algunos amigos a su apartamento para hablar de física, filosofía y literatura. Estas reuniones solían ser animadas y ruidosas duraban hasta altas horas de la noche, ante la irritación de sus vecinos. Aunque Einstein era esencialmente un solitario, la oportunidad de desarrollar ideas y probarlas sobre los agudos intelectos de sus amigos era valiosísima. Empezó a publicar los resultados de sus investigaciones en uno de los principales diarios científicos, y focalizó sus intuitivos análisis sobre las implicaciones de la cuestión que lo había intrigado años antes: ¿Cómo sería cabalgar en un rayo de luz?

A la temprana edad de veintiséis años, Einstein publicó cuatro trabajos científicos. En uno postula los cuanta de luz, para explicar el efecto fotoeléctrico. El segundo trabajo era acerca del movimiento browniano. Sin duda el trabajo más importante fue el titulado «Acerca de la electrodinámica de los cuerpos en movimiento», donde expone la relatividad especial. En él plantea dos postulados que tienen inmensas consecuencias:

* Todos los observadores que se mueven entre sí con velocidad constante son equivalentes en lo que a las leyes de la física se refiere. Este es el principio de relatividad que excluye la noción de espacios y tiempos absolutos.

* La velocidad de la luz en el vacío es la misma para todos los observadores, 299.792 kilómetros por segundo, y es independiente del movimiento relativo entre la fuente de luz y el observador. Este postulado explica el resultado negativo del experimento de Michelson y Morley. En esos primeros años Einstein plantea su famosa relación E = m x c2, el producto de la masa por el cuadrado de la velocidad de la luz dan la energía asociada a una masa m. Masa y energía son dos formas equivalentes. Esto produjo una revolución en nuestra comprensión de la física del Sol y las estrellas y constituye la base de la energía nuclear.

Hacia 1909, fue nombrado profesor del Instituto Politécnico de Zurich. Actividad docente que luego desarrolló en Praga y Berlín. Einstein trabajó afanosamente en una generalización de su teoría de la relatividad. En 1911, formula el principio de equivalencia entre un movimiento acelerado y un campo gravitacional.

Separado de su primera mujer, con la cual tuvo dos hijos varones, contrajo matrimonio con su prima Elsa Einstein en 1915, que también era separada y con dos hijas. Un año después, en 1916, dio a conocer su teoría general de la relatividad, en un periodo pleno de vivacidad y alegría. Escribió a uno de sus amigos: “En el curso de este último mes he vencido el periodo más excitante de mi vida y el más fructífero”. En la relatividad general, geometriza la gravitación. Una masa deforma el espaciotiempo a su alrededor y Einstein proporciona las matemáticas que permiten calcular punto a punto la “geometría” en la vecindad de una masa.

Pese a ser de una concepción eminentemente de base de matemática abstracta, la relatividad general tenía un gran número de aplicaciones concretas. Por un lado, explicaba una desconcertante discrepancia en la órbita de Mercurio, el planeta más interior del sistema solar. El perihelio del planeta -el punto en el que está más cerca del Sol- avanzaba cada año en una cantidad significativamente más grande que la predicha por las leyes de Newton. En sus esfuerzos por explicar la diferencia, los astrónomos habían especulado durante algún tiempo en la existencia de un pequeño planeta que orbitara entre Mercurio y el Sol. Einstein demostró que ese cuerpo era innecesario. Su nueva teoría de la gravedad explicaba completamente el misterio de la órbita de Mercurio como una consecuencia del espacio intensamente curvado en las inmediaciones del Sol.

El éxito de esta primera aplicación de la teoría a la observación complació enormemente a Einstein: ” Estuve fuera de mí por el éxtasis durante días”, escribió a un amigo. La hazaña impresionó también a sus colegas científicos, pero después de todo era una explicación a hechos ya conocidos.

La primera comprobación empírica de la teoría de la relatividad ocurrió, cuando mediciones hechas durante el eclipse total de Sol de 1919 demostraron que sus cálcalos, sobre la curvatura de la luz en presencia de un campo gravitatorio, eran exactos. Cuando se dieron a conocer los resultados en la Royal Society de Londres, su presidente expresó emocionadamente: “No se trata en este caso del descubrimiento de una isla alejada del mundo, sino de todo un nuevo continente de nuevas ideas científicas. Es el más grande descubrimiento concerniente a la gravitación que se haya hecho después que Newton enunció sus principios”.

Pero junto con la gloria también se hizo presente el dolor. En poco tiempo había perdido a su hijo Eduardo y fallecían dos de sus hijas: Ilsa y la que había tenido con su primera esposa.

Albert Einstein fue galardonado con el Premio Nobel de Física en el año 1921, por sus investigaciones sobre el efecto fotoeléctrico y sus grandes aportaciones en el terreno de la física teórica.

Desde comienzos de los años ‘30, y con el avenimiento en Alemania del nazismo, su vida se caracterizó por sus continuos viajes obligados, protegiéndose del régimen gobernante alemán, y por su decidida oposición a éste. Vivió en Coq, Bélgica, accediendo a una invitación de los reyes. Estuvo asimismo en Francia y Gran Bretaña, para finalmente echar raíces en Estados Unidos y, a contar de 1933, establecerse en Princenton. Allí falleció en 1936 su segunda esposa. En 1940, obtuvo la nacionalidad norteamericana y, hasta su muerte, acaecida el 18 de abril de 1955, Einstein trabajó por integrar en una misma teoría las cuatro fuerzas de la naturaleza: gravedad, electromagnetismo, y las subatómica fuerte y débil, las cuales comúnmente reconocemos como «fuerzas de campo».

Einstein escribió numerosos artículos de divulgación para revistas científicas, dictó conferencias que transcribieron, y algunos libros. Los títulos más destacados: Electrodinámica de los cuerpos en movimiento, Fundamentos de la teoría de la relatividad general, Sobre la teoría del campo unificado, Mis ideas y opiniones; La física, aventura del pensamiento, esta última obra escrita en colaboración con Leopold Infeld.

Einstein fue un científico que legó su preeminencia, hasta ahora, sin contrapesos. Genial y con la misma intuición física de Newton, pero con un carácter simpático; un visionario como Kepler, pero que siempre supo mantenerse aterrizado sobre la Tierra, recibió en vida, al igual que Newton, todos los honores y el respeto que un genio tan excepcional merece.

Biografía de Aristóteles Escrito por Jorge el 08.01.07

Gran filósofo griego, discípulo de Platón. Rechazó el idealismo de su maestro y defendió la posibilidad de aprehender la realidad a partir de la experiencia. Del total de 170 obras que los catálogos antiguos recogieron, sólo se salvaron 30. Con ella abarcó todo el saber de su época y creó nuevas disciplinas, como la lógica y la metafísica.

Su vida
Aristóteles nació en el año 384 a.C. en Estagira. Llamado el Estagirita, por su lugar de origen, fue hijo de Nicómaco, médico de la corte de Amintas II de Macedonia. A los 18 años marchó a Atenas, donde por veinte años estudió en la Academia de Platón, donde siguió las lecciones de éste.

Al morir Platón, en el año 348 a.C., abandonó Atenas y realizó un viaje por Asia Menor. En el transcurso del mismo se relacionó con Filipo, rey de Macedonia, quien le encargó la educación de su hijo Alejandro, de 13 años. Aceptada la propuesta, en 342, vivió siete años en Macedonia. Una vez en el trono Alejandro (Magno), no quiso seguirlo en su expedición militar hacia Asia y regresó a Atenas, donde fundó su propia escuela, el Liceo, en la cual daba sus lecciones paseando con los discípulos, por lo que fueron llamados peripatéticos. Esta escuela se convirtió en uno de los centros de investigación científica más importantes de la Antigüedad clásica.

En Atenas nuevamente se dedicó a la docencia y a la investigación durante 16 años, hasta que murió Alejandro en el año 322 a.C. A consecuencia Aristóteles se retiró a Calcis, Eubea, donde murió ese mismo año

El inconmensurable pensamiento
Aristóteles fue uno de los filósofos más importantes de todos los tiempos. Su pensamiento, gran pilar de la cultura occidental, continúa estableciendo una notable influencia sobre muchos pensadores contemporáneos, y su obra todavía es objeto de estudio. Su filosofía constituye, junto a la de su maestro Platón, el legado más importante del pensamiento de la Grecia antigua.

Pese a ser discípulo de éste, Aristóteles se distanció de las posiciones idealistas, para elaborar un pensamiento de carácter naturalista y realista. Frente a la separación radical entre el mundo sensible y el mundo inteligible planteada por las doctrinas platónicas, defendió la posibilidad de aprehender la realidad a partir de la experiencia.

Por lo tanto, en contra de las tesis de su maestro, consideró que las ideas o conceptos universales no deben separarse de las cosas, sino que deben estar inmersos en ellas, como forma específica a la materia. Por estos motivos, otorgó gran importancia a los estudios científicos y a la observación de la naturaleza. Sin embargo, el estudio de Aristóteles no se basó únicamente en el estudio especulativo de las cosas y sus causas, sino que también se centró en cuestiones de lógica formal, moral, política y ética.

También abarcó la metafísica, disciplina que él creó, con la cual él pretendía llegar a saber “de los principios y de las causas primeras”. La ciencia metafísica de Aristóteles culmina en la teología, la cual se ocupa del ser que existe per se, o sea, el ente en su sentido más pleno, la forma pura sin materia.

Respecto de la ética, sostuvo que ésta tiene un fin que se resume en la búsqueda de la felicidad. Para algunos, la felicidad consiste en los placeres, para otros, en las riquezas; pero el hombre sabio la busca en el ejercicio de la actividad que le es propia al hombre, es decir, en la vida intelectual. Ello no excluye el goce moderado de los placeres sensibles y de los demás bienes, con tal de que no impida la contemplación de la verdad.

También trató temas como la política. Para Aristóteles el hombre es un animal político por naturaleza, sólo los animales y los dioses pueden vivir aislados. La fuerza natural hacia la reproducción y la conservación inclina a los hombres a vivir unidos, primero en la familia, luego en la aldea y finalmente en la ciudad-estado. El buen funcionamiento de una ciudad-estado no se asegura sólo por unificar voluntades hacia un mismo fin; se requiere también de leyes sensatas y apropiadas que respeten las diferencias y eduquen a los ciudadanos para la responsabilidad civil dentro de la libertad (Aristóteles, en su mentalidad clasista griega, no concebía el derecho de ciudadanía ni para las mujeres ni para los esclavos).

Según él existen tres formas de legítimo gobierno: monarquía (gobierno de uno), aristocracia (gobierno de los mejores) y república (gobierno de muchos). A esas formas de gobierno se oponen la tiranía, la oligarquía y la democracia (Aristóteles entendía por democracia el gobierno de los pobres). No se puede decir cuál de las tres es mejor, pero en principio toda forma de gobierno es buena si quien gobierna busca el bien de los gobernados.

Su obra
Del total de 170 obras que los catálogos antiguos recogieron, sólo se han salvado 30 (que ocupan unas 2.000 páginas impresas). La mayoría de ellas proceden de los llamados escritos “acroamáticos”, realizados para ser utilizados como tratados en el Liceo y no para ser publicados. En cambio, los libros exotéricos -todas las obras publicadas en vida-, escritos para el público general en forma de diálogos, se han perdido.

La edición de Andrónico de Rodas es la base del “Corpus aristotélicum”. éste, según la habitual clasificación por materias, se compone de las siguientes obras: de escritos lógicos (”Categorías”, “Sobre la interpretación”, “De las categorías” -la isagoge-, “Peri Hermeneias” -de la proposición-, “Primeros analíticos” -del silogismo-, “Segundos analíticos” -de la demostración-, “Tópicos” -de la dialéctica-, “Refutación de los sofistas” -de las falacias y paralogismos-).

De filosofía natural (”Física”, “Del cielo”, “De la generación y la corrupción”, “Meteorología”, “Historia de los animales”, “De la parte de los animales”), de psicología (”Del alma”, “Parva naturalia”), de metafísica (”Metafísica”), de ética (”ética a Eudemo”, “ética a Nicómaco”, “Gran ética”, “Política”, “Constitución de los atenienses”), de retórica y poesía (”Retórica”, “Poética”, “Tragedia”, “Comedia”).

Abarcó todo el saber de su época y creó nuevas disciplinas, como la lógica y la metafísica. Realizó la primera clasificación de las ciencias, que dividió en: teoréticas, prácticas y poéticas.

Alejandro Sanz biografía Escrito por Jorge el 02.10.06

El nombre completo de Alejandro Sanz es Alejandro Sánchez Pizarro y nació en Madrid el 18 de diciembre de 1968, de padres gaditanos, de donde le viene ese aire andaluz. El padrino de Alejandro Sanz fue el compositor Manuel Alejandro, por lo que la pasión musical le viene de muy pequeñito.

Con apenas siete años, Alejandro Sanz comienza a tocar la guitarra y a los diez compone sus propias canciones.

Siendo todavía muy joven, la familia de Alejandro Sanz se mudó a Moratalaz, en Madrid y es de destacar que en su adolescencia lo expulsaron del instituto por meterle mano a las chicas, a pesar de que él argumentara que ellas se dejaban.

A partir de entonces Alejandro Sanz comenzó a estudiar para administrativo. Mientras tanto, daba clases de guitarra con su tío Miguel Angel, el que hoy es su productor. Grababa coros en un estudio y suerte tenía si conseguía que le pagaran. Años después, su caché se elevaría considerablemente, por fortuna para su economía.

Tras realizar una maqueta, Alejandro Sanz se fue con ella a Hispavox, donde fue rechazada por los responsables del lugar. Curiosamente, aquellos temas triunfarían posteriormente en un álbum titulado ‘Viviendo deprisa’.

Afortunadamente, en la Warner le hicieron más caso y pusieron en marcha la maquinaria del márketing. Lo primero fue cambiar su apellido Sánchez por Sanz (más corto y fácil de recordar).

Y en 1991 publicó el primer disco, ‘Viviendo deprisa’, con el que consiguió siete discos de platino en España.

En 1993 Alejandro Sanz editó ‘Si tu me miras’, con la colaboración de artistas de gran talla. También salió a la luz ‘Básico’, una pequeña recopilación con los mejores temas de los discos anteriores pero con un sonido más acústico.

Otros discos publicados en su todavía corta pero fructífera carrera han sido ´3´’ y ‘Mas’

Y en el otoño del 2000 publicó un nuevo disco: ‘El alma al aire’, del que se vendieron miles de copias antes incluso del lanzamiento oficial, y que supuso su mayor éxito comercial.

En el 2001 Alejandro Sanz se convierte en el primer español que participa en la prestigiosa serie acústica de la MTV con su propio Unplugged, grabado en Miami y en el que se incluyen sus principales temas.

El 2 de septiembre del 2003, se estrenó a nivel mundial un nuevo disco de Alejandro Sanz, titulado ‘No es lo mismo’. Este disco fue grabado y mezclado entre los meses de febrero y julio de 2003 entre Madrid y Miami. Alejandro Sanz se rodeó para la ocasión de músicos americanos de primer nivel como Anthony Jackson, Michael Landau o Vinnie Colaiuta además de músicos cubanos como Horacio ‘El Negro’ y contó con la colaboración especial de Paco de Lucía en una de las canciones. Por primera vez, Alejandro Sanz asume las labores de producción de uno de sus discos, junto con el arreglista y productor cubano Lulo Pérez, colaborador habitual de Alejandro Sanz en sus últimas giras.

El 16 de noviembre de 2004 se publica el primer recopilatorio de Alejandro Sanz, llevando por título “Grandes exitos: 91-04″, reuniendo todo lo mejor de una carrera de trece años, con temas que van desde “Mi soledad y yo” a “No es lo mismo”, e incluye catorce rarezas y dos canciones inéditas.

Para este triple CD, Alejandro Sanz ha compuesto dos temas nuevos, “Tú no tienes alma”, una canción en la que hace una reclamación a alguien que se abandonó a su suerte, elegida como single de presentación, y “Cuando sea espacio”.

En este resumen de su carrera no pueden faltar títulos como: “Corazón partío”, Y, “¿Si fuera ella?”, “La fuerza del corazón”, “Amiga Mía”, “Pisando fuerte”, “Viviendo deprisa”, “Amiga mía”, “Quisiera ser” y “Cuando nadie me ve”.

Además incluye rarezas como dúos con Niña Pastori, Paolo Vallesi, Omara Portuondo, Ketama, The Corrs, Moncho, Pepe de Lucía y versiones inéditas de “Corazón partío” o “Seremos libres”.

Biografía de George Clooney Escrito por Jorge el 02.10.06

George Clooney nació el 6 de Mayo de 1961 en Lexington, Kentucky, aunque siendo muy pequeño su familia se trasladó a Cincinatti, donde su padre trabajó como presentador de televisión.

Allí fue donde George Clooney comenzó a hacer sus pinitos artísticos, con pequeños papeles en la televisión donde trabajaba papá Clooney. Con 21 años se marchó a Hollywood, a probar suerte como actor. Sus primeros trabajos fueron pequeñas apariciones en series de televisión, algunas de ellas ni siquiera conocidas.

Pronto comenzó a ser conocido, y los papeles que le ofrecían aumentaban en calidad, llegando a hacer apariciones en series como Mira quien habla, Se ha escrito un crimen o Las chicas de oro.

Así siguió hasta que en 1994 le ofrecieron su primer papel realmente importante: tenía que interpretar al doctor Douglas Ross, en la serie Urgencias, papel con el que realmente le llegó la fama.

A partir de la serie Urgencias comenzaron a lloverle ofertas para trabajar en la gran pantalla.

La primera de ellas fue la del director Robert Rodríguez, quien le ofreció el papel protagonista en Abierto hasta el amanecer, donde trabajaba con Quentin Tarantino.

Por supuesto, no se lo pensó dos veces y aceptó el papel. Posteriormente, trabajó con Michelle Pfeiffer en Un día inolvidable y, a continuación, tomó papel en Batman y Robin.

En 1997 trabajó en el film El pacificador y un año después interpretó a un ladrón en Un romance muy peligroso, junto a Jennifer Lopez.

También actuó en La delgada línea roja y en Tres reyes. En el 2000 protagonizó La tormenta perfecta, donde interpretaba el papel del capitán de un barco pesquero que se ve atrapado en un duelo con una gran tempestad.

Sus últimos trabajos hasta la fecha han sido O, Brother y Oceans Eleven, un remake de la película La cuadrilla de los once, de Frank Sinatra, en la que interpreta a un ladrón que planea el robo simultaneo de tres casinos en Las Vegas.

Alexander Graham Bell Escrito por Jorge el 25.09.06

Nacido en marzo de 1847 en la ciudad escocesa de Edimburgo, hijo de una madre sorda y un padre fonoaudiólogo, Alexander Graham Bell se apasionó desde temprana edad por la investigación de soluciones para problemas auditivos y de dicción.En los años ‘70, tras mudarse con su familia a Boston, Alexander comenzó a investigar, junto con Thomas Watson, la factibilidad de crear un artefacto capaz de convertir el sonido en impulsos eléctricos. El objetivo: mejorar la calidad de vida de personas con problemas auditivos. Sin embargo, la idea tenía un aspecto comercial de incalculable valor: el mismo aparato podría utilizarse como un “telégrafo de voz”.

¿Fue Bell realmente el inventor del teléfono? Muchos afirman que Antonio Meucci, un inmigrante italiano, habría inventado el teléfono varios años antes. Sin embargo, no había podido patentarlo por falta de medios. Según esta versión, que en la actualidad ya ha sido aceptada oficialmente por el gobierno norteamericano, los honores por la invención del teléfono correponderían a Antonio Meucci. Bell, en realidad, sólo habría introducido mejoras en un concepto ya existente.

Sea como fuere, en 1875, dos inversores aceptaron financiar las investigaciones de Bell. Tras mil y un fracasos, en 1876, el primer experimento exitoso. El diez de marzo, la voz de Bell llegó alta y clara a su colaborador: “Watson, ven aquí. ¡Quiero verte!”. Ahora, Alexander tenía un teléfono en funcionamiento y una patente que le aseguraba el monopolio legal sobre el mercado telefónico hasta 1894.

Con estos vientos favorables nacía la Bell Telephone Company. El crecimiento de la nueva industria fue espectacular. En 1878, inauguración de la primera red comercial en New Haven. Tres años después, las principales ciudades norteamericanas ya contaban con servicio telefónico. En 1882, Bell Telephone adquiría la Western Electric Company, que se convertía en la unidad de negocios encargada de la fabricación de los teléfonos. Gradualmente, la compañía fue comprando y fundando otras empresas hasta conformar un gigantesco conglomerado conocido como el “Bell System”.

En 1885, Bell fundaba la American Telephone and Telegraph Company (AT&T) con el objetivo de construir y operar las redes de telefonía de larga distancia. En 1892, primera comunicación exitosa entre Nueva York y Chicago. En 1899, AT&T absorbía la American Bell y se convertía en la empresa madre del conglomerado. En 1915, con la extensión del servicio a San Francisco, América estaba interconectada por una red telefónica de larga distancia de costa a costa.

Bell, ya inmensamente rico, jamás abandonó su pasión por la tecnología. A diferencia de Thomas Edison (un inventor coetáneo de gran visión comercial), Alexander jamás se sintió cómodo en el mundo de los negocios. Lo suyo era la investigación. Entre otros inventos, Bell también desarrolló el “fotófono” (antecesor directo de la fibra óptica) y un sistema magnético de grabación de sonido. El proyecto fracasó a la hora de construir un prototipo pero estableció las bases conceptuales para el desarrollo de los casettes y las computadoras, un siglo más tarde.

Alexander Graham Bell falleció en 1922, víctima de complicaciones de su cuadro diabético. Su legado: unas 30 patentes a su nombre, una compañía multinacional con oficinas en los cuatro rincones de la Tierra y el orgullo de ser el fundador de la industria moderna de las telecomunicaciones.

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Sir Isaac Newton (1642-1727) - Biografía Escrito por Jorge el 19.08.06

Casi todo el mundo conoce en mayor o menor grado el nombre y la reputación de Isaac Newton (1642-1727), ya que su fama universal como descubridor de la ley de la gravitación se ha mantenido incólume a lo largo de los dos siglos y medio transcurridos desde su muerte. Es menos conocido, sin embargo, que en la inmensidad de sus amplísimos logros creó virtualmente la física moderna y, en consecuencia, ha ejercido en esa faceta de la civilización más influencia que el auge o el declive de las naciones. Quienes han estado en posición de juzgarle han sido unánimes al considerarle uno de los pocos intelectos supremos que la raza humana ha producido.

Newton nació en el seno de una familia campesina, en la aldea de Woolsthorpe, al norte de Inglaterra. Se sabe poco de sus primeros años, y su vida de estudiante en Cambridge no parece haber sido especialmente destacable. En 1665 una epidemia obligó a las universidades a cerrar sus puertas y Newton regresó a su casa, donde permaneció hasta 1667. Allí, en dos años de bucólica soledad, entre los 22 y los 24 años de edad, su genio creador se desbordó en un caudaloso flujo de descubrimientos sin comparación en la historia del pensamiento humano: la serie del binomio para exponentes negativos y fraccionarios, el cálculo diferencial e integral; la gravitación universal como clave del sistema solar; la resolución de la luz solar en el espectro visual por medio de un prisma, con sus implicaciones en la comprensión de los colores del arco iris y de la naturaleza de la luz en general. En su vejez recordaba así ese período milagroso de su juventud: «En aquellos días yo estaba en la flor de la edad para la invención y pensaba en las matemáticas y en la [o sea, en la ciencia] más que en cualquier época posterior».

Newton fue muy reservado e introvertido y, en su mayor parte, guardó para sí sus hallazgos. No tenía interés en publicar, y la mayoría de sus obras más importantes hubieron de serie arrancadas por sus amigos a base de halagos y tenacidad. No obstante, su capacidad inigualable era tan evidente a los ojos de su maestro, Isaac Barrow, que en 1669 este último dejó su plaza a su alumno (algo inaudito en la vida académica), y Newton se estableció en Cambridge durante los veintisiete años siguientes. A decir verdad, sus descubrimientos matemáticos jamás fueron publicados de forma conexa; se fueron conociendo de modo parcial casi por accidente, a través de conversaciones o réplicas a cuestiones que se le planteaban por correspondencia. Parece haber considerado sus matemáticas más que nada como un instrumento eficaz para el estudio de problemas científicos pero, comparativamente, de escaso interés en sí mismas. Simultáneamente Leibniz, en Alemania, había inventado también el cálculo independientemente, y por su activa correspondencia con los Bernoulli y la obra posterior de Euler, el liderazgo en el nuevo análisis pasó al continente, donde permanecería 200 años.

Se sabe poco de la vida de Newton en Cambridge en los primeros años como profesor, pero ciertamente la óptica y la construcción de telescopios figuraban entre sus principales intereses. Experimentó muchas técnicas de esmerilado de lentes (usando herramientas que él mismo hacía), y hacia 1670 construyó el primer telescopio de reflexión, el ancestro primitivo de los grandes instrumentos utilizados hoy en Monte Palomar y en todo el mundo. La pertinencia y sencillez de su análisis con prismas de la luz solar ha marcado para siempre esta obra temprana como uno de los clásicos intemporales de la ciencia experimental. Mas eso fue sólo el comienzo, ya que volvió una y otra vez a penetrar en los misterios de la luz y todos sus esfuerzos en esta dirección continuaron poniendo de manifiesto un genio experimental de primera magnitud. Publicó algunos de sus descubrimientos, pero fueron acogidos con tal estupidez por los científicos de relieve de ese momento que se retiró a su torre de marfil con renovada decisión de trabajar desde entonces para su exclusiva satisfacción. Veinte años más tarde se confesaba a Leibniz con estas palabras: «En cuanto al fenómeno del color.., creo haber descubierto la explicación más segura, pero me resisto a publicar libros por temor a las controversias y disputas que los ignorantes lanzarían contra mí».

A finales de los 1670, Newton entró en uno de sus períodos de hastío respecto de las ciencias y encauzó sus energías hacia otros campos. Hasta entonces no había publicado nada todavía sobre dinámica o gravitación y los muchos hallazgos que ya había realizado permanecían relegados al olvido en su escritorio. Finalmente, sin embargo, a instancias del astrónomo Edmund Halley (descubridor del cometa Halley), dedicó su atención de nuevo a esas materias y comenzó a escribir su máxima obra, los Principia.

Todo parece haber comenzado en 1684 con tres hombres enfrascados en una profunda conversación en una taberna de Londres: Halley y sus amigos Christopher Wren y Robert Hooke. Reflexionando acerca de la tercera ley de Kepler del movimiento de los planetas, Halley había llegado a la conclusión de que la fuerza gravitacional que mantenía a los planetas en sus órbitas era inversamente proporcional quizá al cuadrado de la distancia al sol. Sin embargo, era incapaz de hacer nada más con esa idea que formularla como conjetura. Como el propio Halley escribió más tarde (en 1686):

Me encontré con Sir Christopher Wren y Mr. Hooke, y conversando sobre ello, Mr. Hooke afirmó que todas las leyes de los movimientos celestes debían fundarse sobre ese principio, y que él mismo lo había hecho. Yo confesé el fracaso de mis intentos; y Sir Christopher, para animar la investigación, dijo que nos daría dos meses de plazo para que Mr. Hooke o yo le expusiéramos una demostración convincente de ese hecho y, aparte del honor, aquel de nosotros que lo lograra recibiría un obsequio de 40 chelines. Mr. Hooke dijo que ya la tenía, pero que la ocultaría durante algún tiempo, con el fin de que los demás, tras probar y fracasar, la apreciaran en su justo valor cuando la hiciera pública.

Parece claro que Halley y Wren consideraron las afirmaciones de Hooke como simples baladronadas. Unos meses después, Hooke tuvo ocasión de visitar a Newton en Cambridge y le planteó la cuestión: «¿Cuál sería la curva descrita por los planetas en el supuesto de que la gravedad disminuya como el cuadrado de la distancia?». A lo que Newton respondió inmediatamente: «Una elipse». Estupefacto de alegría y de asombro, Halley le preguntó por qué lo sabía. «¿Por qué?», dijo Newton, «lo he calculado». No intuido o adivinado o conjeturado, sino calculado. Halley quiso ver los cálculos pero Newton no encontró los papeles. Es interesante especular sobre las emociones de Halley al ser consciente de que el antiguo problema de cómo funciona el sistema solar había sido resuelto por fin, pero que la persona que lo había resuelto no se había molestado en comunicarlo a nadie y había perdido sus apuntes. Newton prometió escribir los teoremas y sus demostraciones de nuevo y enviárselos a Halley, y así lo hizo. En el transcurso del cumplimiento de su promesa, renació su interés por el tema, se dedicó a él y amplió enormemente el alcance de sus investigaciones.

En sus esfuerzos científicos, Newton parecía un volcán en activo, con largos períodos de quietud salpicados por erupciones masivas de actividad casi sobrehumana. Los Principia fueron escritos en dieciocho increíbles meses de total concentración, y cuando se publicaron en 1687 fueron inmediatamente reconocidos como una de las realizaciones supremas de la mente humana. Está universalmente considerada aún hoy como la mayor contribución individual a la ciencia. En esa obra estableció los principios fundamentales de la mecánica teórica y de la dinámica de fluidos: dio el primer tratamiento matemático del movimiento ondulatorio: dedujo las leyes de Kepler de la ley gravitacional del cuadrado inverso, y explicó las órbitas de los cometas: calculó las masas de la tierra, el sol y los planetas con satélites; explicó la forma achatada de la tierra y la utilizó para dar cuenta de la precesión de los equinoccios, y fundó la teoría de las mareas. Estos no son sino algunos de los esplendores de esa prodigiosa obra. Los Principia ha sido siempre una obra de lectura ardua, porque el estilo posee una calidad inhumana de gélido distanciamiento, que quizá realza la grandeza del tema. Además, las matemáticas, densamente presentadas, consisten casi por completo en geometría clásica, poco cultivada entonces y mucho menos ahora. En su dinámica y mecánica celeste. Newton alcanzó la meta hacia la que Copérnico, Kepler y Galileo habían pavimentado el camino. Su victoria fue tan completa que el trabajo de los científicos más destacados en esos campos fueron, durante los siguientes dos siglos, poco más que notas a pie de página a su síntesis colosal. Conviene recordar también que la ciencia de la espectroscopia, responsable más que ninguna otra de la ampliación del conocimiento astronómico más allá de los confines del sistema solar, tuvo su origen en el análisis espectral que Newton efectuó de la luz solar.

Tras el poderoso resurgir de su genio en la creación de los Principia, Newton se volvió a alejar de la ciencia. No obstante, en una famosa cana a Bentley en 1692, comenta la primera especulación sólida de cómo puede haberse desarrollado el universo de estrellas a partir de una informe nube de polvo cósmico:

Creo que si la materia de nuestro sol y nuestros planetas y la materia toda del universo fue uniformemente dispersada por todo el cielo, y toda partícula tiene una gravedad innata hacia todo el resto…algo de ella pudo reunirse en una masa y otra porción en otra, y así hasta formar un número infinito de grandes masas dispersas a grandes distancias unas de las otras por el espacio infinito. Y así pudieron quizá formarse el sol y las estrellas fijas, supuesto que la materia fuera de naturaleza lúcida.

Ese fue el comienzo de la cosmología científica, conducida después, a través de las ideas de Thomas Wright, Kant, Herschel, y sus sucesores, a la elaborada y convincente teoría de la naturaleza y origen del universo ofrecida por la astronomía del siglo XX.

En 1693 Newton sufrió una seria enfermedad mental acompañada de delirios, profunda melancolía y manía persecutoria. Se quejaba de no poder conciliar el sueño y decía que le faltaba su «anterior consistencia mental». Injurió con salvajes acusaciones en impactantes escritos a sus amigos Samuel Pepys y John Locke. Pepys fue informado de que su amistad había terminado y de que Newton no le yerra nunca más; Locke fue acusado de querer enmarañarle con mujeres y de ser un «Hobbista» (seguidor de Hobbes, es decir, ateo y materialista) Ambos temieron por la salud de Newton. Le respondieron con tacto exquisito y generosa humanidad, y la crisis pasó.

En 1696 Newton dejó Cambridge y marchó a Londres como Director de la Casa de la Moneda, y durante el resto de su vida hizo algo de vida de sociedad e incluso comenzó a saborear su posición única en el pináculo de la fama Científica. Estos cambios en sus intereses y entorno no disminuyeron en nada su poder intelectual sin rival. Por ejemplo, un atardecer, al final de una dura jornada de trabajo en la Casa de la Moneda, se enteró de un problema, hoy célebre, planteado por el científico suizo John Bernoulli como reto «a los más agudos matemáticos del mundo». El problema era el siguiente: Supongamos que se clavan al azar dos clavos en una pared y se conectan con un hilo en forma de curva. ¿Cuál es la forma del hilo que hará mínimo el tiempo empleado por un abalorio que desliza desde el punto superior hasta el interior sin rozamiento a lo largo de él? Es el problema de la braquistócrona («tiempo mínimo») de Bernoulli. Newton lo reconoció inmediatamente como un reto de los matemáticos continentales dirigido a él y, a pesar de estar alejado del hábito del pensamiento científico, hizo acopio de todos sus recursos y lo resolvió ese mismo día antes de acostarse. Su solución se publicó anónima, pero en cuanto Bernoulli la vio, comento con ironía: «Reconozco al león por sus garras».

De mucha mayor trascendencia para la ciencia fue la publicación de su Opticks en 1704. En este libro recopiló y extendió sus investigaciones anteriores sobre la luz y el color. Como apéndice añadió sus famosas «Queries» (cuestiones), especulaciones más allá de su comprensión cara al futuro. En parte están relacionadas con su imperecedera preocupación por la química (o alquimia, como se llamaba entonces). Formuló muchas conclusiones tentativas pero extremadamente cuidadosas, siempre basadas en la experimentación, acerca de la posible naturaleza de la materia; y aunque la verificación de sus especulaciones sobre los átomos (e incluso sobre los núcleos) habría de esperar al refinado trabajo experimental de finales del siglo XIX y comienzos del XX, las líneas principales de sus ideas resultaron ser correctas. Así, en este terreno como en tantos otros, sobrepasó ampliamente, por el alcance prodigioso y la precisión de su imaginación científica, no ya sólo a sus contemporáneos, sino a muchas generaciones de sus sucesores. Añadiremos dos observaciones sorprendentes de las Cuestiones 1 y 30, respectivamente: «¿No actúan los cuerpos a distancia sobre la luz y curvan sus rayos por esa acción?» y «¿No son los cuerpos masivos y la luz convertibles entre sí?». Parece claro, todo lo claro que las palabras pueden ser, que Newton estaba conjeturando ahí la curvatura gravitacional de la luz y la equivalencia entre masa y energía, consecuencias de la teoría de la relatividad. El primer fenómeno fue observado durante el eclipse total de sol de mayo de 1919, mientras se sabe hoy que el segundo subyace a la energía generada por el sol y las estrellas. En otras ocasiones da la impresión de saber, por alguna misteriosa intuición, mucho más de cuanto quería o podía justificar, como en esta críptica afirmación en carta dirigida a un amigo: «Es evidente para mi por la fuente de donde lo infiero pero no pretendo demostrarlo para los demás» Cualquiera que haya podido ser la naturaleza de esa «fuente», él se basaba en su extraordinario poder de concentración. Preguntado sobre cómo realizaba sus descubrimientos, respondió: «Mantengo el asunto continuamente ante mi y espero a que los primeros rayos del amanecer se abran poco a poco hacia una completa claridad». Esto parece muy sencillo, pero todo el que tenga experiencia científica o matemática sabe lo difícil que resulta mantener un problema de forma continua en la mente durante más de unos segundos o a lo sumo minutos. La atención raquea, el problema se desvanece una y otra vez, y ha de ser vuelto a escena mediante un esfuerzo de voluntad. A juzgar por lo que afirman los testigos, Newton parece haber sido capaz de sostener su concentración, casi sin esfuerzo, sobre sin problemas durante horas, días y semanas, en un estado permanente de presión mental apenas interrumpido por la necesidad ocasional de alimentarse o dormir.

En 1695 Newton recibió una carta de su amigo John Wallis, matemático de Oxford, que contenía noticias que habrían de cubrir de espesos nubarrones el resto de su vida. Escribiendo con respecto a los primeros hallazgos mate- máticos de Newton, Wallis le daba cuenta de que en Holanda «tus conceptos» son conocidos como «Calculus Differentialis de Leibniz», y urgía a Newton a emprender los pasos pertinentes para defender su reputación. En ese tiempo, la relación entre Newton y Leibniz era aún cordial y de respeto mutuo. Sin embargo, la carta de Wallis pronto enturbió la atmósfera e inició la más prolongada, agria y dañina de las disputas científicas: la famosa (o infame) controversia Newton-Leibniz sobre la prioridad en la invención del cálculo.

Hoy se sabe a ciencia cierta que cada uno de ellos desarrolló su propia versión del cálculo independientemente del otro, que Newton se adelantó en unos ocho o diez años pero no publicó sus ideas, y que los artículos de Leibniz de 1684 y 1686 fueron las primeras publicaciones al respecto. Ahora bien, lo que en la actualidad se percibe como meros hechos no estaba tan claro en aquel entonces. Retumbaron durante años los ecos ominosos de aquella carta de Wallis:

Lo que comenzó con ligeras insinuaciones escaló con rapidez hacia graves acusaciones de plagio por ambos lados. Encorajinado por seguidores ansiosos de labrarse una reputación bajo sus auspicios, Newton permitió verse colocado en el centro de la refriega; y una vez que su temperamento se caldeó por las acusaciones de falta de honestidad, su rabia no conoció límites. La conducta de Leibniz en la controversia no fue loable, ciertamente, pero queda empalidecida por la de Newton. Aunque nunca apareció en público, fue él quien redactó la mayor parte de las notas que salían en su defensa, publicándolas bajo los nombres de sus jóvenes discípulos, quienes en ningún momento objetaron. Como Presidente de la Royal Society, nombró un comité «imparcial» para investigar el asunto, escribió en secreto el informe que luego publicó oficialmente esa entidad [en 1712] y lo censó anónimamente par las Philosophical Transactions. Ni tan siquiera la muerte de Leibniz aplacó su ira, y continuó persiguiendo a su enemigo más allá de la tumba. La batalla con Leibniz, la irrefrenable necesidad de borrar la acusación de deshonestidad, dominaron los últimos veinticinco años de su existencia. Casi cualquier escrito sobre cualquier tema en esa época era susceptible de interrupción mediante un furioso párrafo contra el filósofo alemán, pues blandía los instrumentos de su furia con mayor acritud si cabe.

Todo esto ya era de por sí bastante nefasto, pero el efecto desastroso que tuvo sobre la ciencia y las matemáticas británicas fue todavía más serio. Utilizar los métodos geométricos de Newton y sus farragosas notaciones de cálculo, así como no mirar más allá de las narices en cuanto tuviese relación con el trabajo creador que se hacía en el continente, se convirtió en una cuestión de lealtad patriótica. Sin embargo, los métodos analíticos de Leibniz demostraron ser más útiles y efectivos, y fueron sus seguidores quienes culminaron el período más enriquecedor de la historia de las matemáticas. Para los británicos, la obra de los Bemoulli, Euler, Lagrange, Laplace, Gauss y Riemann fue como un libro cerrado, y los matemáticos ingleses se sumieron en un coma de impotencia e irrelevancia que se prolongó a lo largo de los siglos XVIII y XIX casi por completo.

Se ha descrito y juzgado a Newton frecuentemente como el último racionalista, como la encarnación de la Era de la Razón. Su imagen convencional es la de un profesor absorto, ilustre pero deslucido. Pero nada más lejos de la realidad. No es este el lugar para intentar analizar sus llamaradas de furia psicótica, o sus monstruosos deseos de venganza, que ni la desaparición de sus enemigos logró extinguir, continuando en plena efervescencia hasta el final de su propia vida; o los cincuenta y ocho pecados que recogía en su confesión escrita de 1662; o su encogida y reservada inseguridad; o sus peculiares relaciones con las mujeres, en especial con su madre, de quien pensaba que le había abandonado a los tres años de edad. ¿Y qué decir de los montones de manuscritos sin publicar (¡millones de palabras y miles de horas de reflexión!) que son fiel reflejo de estudios secretos, a lo largo de toda su vida, de cronología antigua, de la primitiva doctrina cristiana, y de las profecías de Daniel y de San Juan? El ansia de saber de Newton tenía poco que ver con el atildado racionalismo del siglo XVIII. Bien al contrario, era una forma de autodefensa desesperada contra las fuerzas del obscurantismo, cuya presión sentía en derredor. Como científico y matemático, fue un genio colosal cuyo impacto sobre el mundo cualquiera puede percibir. Como hombre, empero, fue tan extraño en todas sus facetas que difícilmente puede ser comprendido por la gente normal. Es tal vez más acertado pensar en él en términos medievales, como un místico intuitivo, solitario, consagrado, para quien la ciencia y las matemáticas fueron instrumentos para escudriñar el enigma del universo.

Tomado de Simmons, “Ecuaciones diferenciales parciales”, McGrawHill, Segunda edición.